Algo que Epi tuvo claro al empezar BUP (últimos años de la actual Enseñanza Secundaria, entorno a los 14 -16 años) fue que detestaba las matemáticas, siempre suspendiéndolas, sin entenderlas, creyéndose inútil para las ciencias, pensando que las carreras de esa rama eran demasiado difíciles y duras para ella. Otra vez menospreciándose. La pobre optó por esforzarse todo lo que pudo en las asignaturas de letras, pensando que así sería “buena” en algo. Buscando destacar en algún sitio, intentando encajar en alguna materia, que diese sentido y significado al esfuerzo de sus padres por darle una educación que ellos no habían podido recibir.

Al llegar a COU (Curso de Orientación Universitaria, curso donde te preparaban para la facultad, 17 años) tuvo que cambiar de colegio, porque el suyo, aquel en el que pasó 14 años, aquel que conocía de toda su vida, no tenía ese curso. Empezó un gran cambio: de lugar, compañeros, profesores, metodología, más exigencia… ¡¡Había que prepararse para la universidad!! (eso creía ella) Salió mal. La nota media que sacó en BUP, un notable, bajó a los infiernos al finalizar COU. Escogió letras, sí. Pero de pronto se quedó sin recursos personales para seguir estudiando. Perdió fuerza interna. No tenía motivación. Intentó con todas sus ganas cambiar la metodología de estudio que había estado aplicando durante toda su trayectoria escolar. No dio los frutos que ella esperaba. Y suspendió una tras otra.

Se veía una fracasada. ¿Qué dirían sus padres? Sería que, así, de pronto, no sabía para qué valía. No sabía a qué dedicarse. Siempre había seguido los pasos de su hermana mayor, heredando sus uniformes, heredando sus libros de clase. Pero su hermana ya estaba en la universidad y había empezado a estudiar una carrera que Epi estaba muy segura de que ella no quería para sí. Pero tampoco sabía qué era aquello que SÍ le gustaba. Aquello que le mereciese la pena, como para pasar toda una carrera estudiando y que tuviese unas buenas salidas profesionales.

 

¿Qué hacer entonces? Pues seguir adelante. Aunque sin mucho ánimo. Ella siempre se esforzaba. Andaba perdida. Como si hiciese el pino pero sin suelo. Sin nada que la sostuviese. Perdida. Daba igual los cursos de orientación a los que asistió en el colegio y fuera de él. Había cosas que le atraían, pero algunas eran de ciencias (descartadas, por supuesto; ella no valía para eso). Había un tema que le interesaba: el turismo, pero no existía como carrera. Por aquel entonces, lo que había era una Escuela Oficial de Turismo. Pero para entrar, había que hacer un concurso oposición. Y aunque lo hizo y lo aprobó, no consiguió entrar. Se presentaron más de trescientas personas para cuarenta plazas. Lo de siempre.

Biblioteca facultad Geografía e Historia
Biblioteca Facultad Geografía e Historia

Ya pensaba que se iba a pasar un año perdido (el plazo de matrícula en la facultad se había agotado ya), cuando gracias a su padre encontró un hueco en una agencia de viajes cerca de su casa. Era una agencia pequeña, necesitaban a una persona y tenía que ver con turismo. ¿Por qué no intentarlo? Epi pasó allí nueve meses en unas condiciones, que, en fin, mejor dejarlo en el pasado. Salió de allí con una depresión enorme. Aquella época coincidió con muchos cambios en su familia. Tuvieron que dejar un negocio familiar en el que llevaban más de veinte años, empezar de cero en otro sitio, y una persona muy cercana a Epi empezó a tener problemas muy serios con la comida, hasta tal punto que afectó a la relación que ambas tenían. Todo parecía ir en picado. En esos meses Epi había tenido su primera relación con un chico, que no salió bien. La situación en casa era desesperante (no entraba suficiente dinero, no había trabajo estable, etc.) Ella consiguió matricularse en la facultad de Geografía e Historia (al menos la nota media que sacó en selectividad – prueba de acceso a la universidad – le dio para eso), pero volvió a hacer el pino en el aire: el modo de estudiar que había adquirido durante toda su vida ya no valía. Con diecisiete asignaturas, estudiando además primero de alemán en la Escuela Oficial de Idiomas y sacándose el carnet de conducir (que ella no quería, pero su padre se empeñó, “por si acaso”), suspendió, por primera vez en su vida, nueve asignaturas para septiembre. ¡¡FRACASO!! Toda esa situación le provocó notables cambios hormonales que le causaron marcas faciales, cosa que provocó que tuviese más complejo, si cabe, que el que ya tenía. “Autoestima, húndeme más en el fango”, creía ella.

Se creía fea, inútil, rara, baja, con las piernas gordas, no servía para estudiar nada. En su mente los chicos ni la veían, como si fuese invisible para ellos, la gente se reía de ella, cuchicheaban sobre ella a sus espaldas (al menos eso creía ella), la utilizaban por propio interés, y ella se dejaba porque pensaba, la pobre, que así al menos tenía “amigas”.

Qué triste. Pues parecía que lo que se supone es el fin de la adolescencia, no iba a ser  de color rosa. Si no el principio de otro agujero negro en le historia de Epi.

 

Aquí os dejo los enlaces de los dos anteriores capítulos relacionados con la historia de Epi:

https://zenarte.wordpress.com/2016/02/02/juventud-divino-tesoro/

https://zenarte.wordpress.com/2016/02/16/y-sucedio-de-repente/

 

(Si habéis seguido hasta aquí la historia de Epi y os ha gustado, os recuerdo que podéis darle a la opción “me gusta” – pinchad en la estrellita al final del artículo- dentro del blog y también podéis dejar un comentario. Mil gracias por vuestra compañía!!!)

 

 

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